APRENDER A LEER Y A ESCRIBIR

“La palabra es el hombre mismo. Sin ella, el hombre es inasible. El hombre es un ser de palabras”, dice Octavio Paz (2006). El lenguaje es la más grande creación del hombre en todos los tiempos, pues a través de él los humanos han logrado capturar el pensamiento, la acción y el sentimiento de los seres humanos de distintas épocas, ya que el lenguaje es el medio por el cual expresamos lo que pensamos y lo que sentimos. El ser humano es el único viviente que tiene la capacidad para representar simbólicamente la realidad y esta capacidad es la que le hace humano.  El lenguaje es la encarnación del pensamiento.

Aristóteles (Política I, 1253a) dice que “el hombre es el animal con palabra”, es decir, un animal dialogante, que puede hablar. En el medio social es donde el humano expresa esa actitud comunicativa a través del lenguaje, compartiendo los conocimientos, costumbres, hábitos, valores, creencias, patrones de conducta, etc. que son trasmitidos de una generación a otra. Por eso uno de los fines de la educación es la socialización. Aristóteles decía que el hombre es un “animal político” –el ζῷον πολιτικόν, zon politikon, habitante de la polis (ciudad)– pues la polis el ámbito social por excelencia. Hasta Tarzán –Johnny Weis-smüller– necesitaba la compañía de Maureen O’Sullivan y de la mona Chita para sobrevivir en la selva.

Así mismo, Aristóteles dice textualmente en Ética a Nicómaco”, (1097b) “[…] el hombre es un ser social por naturaleza”. Ya lo había comentado extensamente en su Política (I,2, 1253a) cuando escribe: “De todo esto se concluye que la ciudad es una de las cosas naturales, y que el hombre es, por naturaleza, un animal social y que el insocial por naturaleza y no por el azar es, o un ser inferior o un ser superior al hombre”. La humanitas nunca se adquiere en la soledad; solo la adquiere quien ha “aventurado su vida” y su persona en ámbito público […] Así, al “aventurarse en el ámbito público” se adquiere la humanitas y la persona se convierte en un don para la humanidad” (Arendt, citado por Sánchez, 2015, p. 65).

Publicado por Dr. Marino Latorre Ariño

Licenciado en Ciencias con especialidad en Químicas por la Universidad de Valencia. Magister en Psicopedagogía y Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad Marcelino Champagnat de Lima. Vicerrector de la Universidad Marcelino Champagnat.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.